jueves, 22 de enero de 2015

¿Amigos?

Estoy empezando a darme cuenta…
~De que, durante cierto tiempo, he intentado conseguir algo que ahora me alegra no haber alcanzado.
~De que he intentado hacer el presente tan bueno como el pasado sin darme cuenta de que en el pasado no hubo que forzarlo, solo hubo que vivirlo.
~De que intentar solucionar unos problemas que no he provocado y que no entiendo es dar palos de ciego.
~De que dos no pueden si uno no quiere y de que si el otro no lo intenta, no vale la pena.
~De que hay que vivir lo que tienes antes de que se convierta en lo que tuviste.
~De que en materia de amigos siempre es mejor calidad que cantidad.
~De que las segundas oportunidades son buenas, pero hay que cuidarse para no tropezar varias veces en la misma piedra.
~De que es un buen amigo no omite tus defectos y resalta tus cualidades: un buen amigo hace que tu parte mala se haga mejor.
~De que el hecho de que valiese la pena en el pasado, no significa que todavía la valga.
~De que hay una fina línea entre la bondad y la estupidez.
~De que dar sin recibir no se aplica a la amistad.
~De que no soy perfecta, ni lo seré, ni quiero serlo. No tengo que serlo.
~De que no estoy exenta de culpa y no me cuesta admitirlo.
~De que no me arrepiento, no me arrepiento de nada: he hecho todo lo posible por enmendar mis errores.
~De que si me esfuerzo por alguien y no lo valora, ¿para qué esforzarse?


La “amistad” y los “amigos”  son conceptos difíciles de definir, de hecho, sigo sin saber cómo explicarlo.
A pesar de todo lo que he comprendido últimamente —que ha sido mucho más de lo que he puesto ahí arriba—, todavía no sabría decir que es lo que hace a un amigo.
Las palabras me confunden: amigo, conocido, mejor amigo, compañero… ¿Dónde está la línea que separa estos términos?
Creo que las palabras son lo de menos: lo importante es saber quién estará ahí cuando lo necesites, y viceversa.
Aun sin saber a quién encasillar en cada término, yo tengo claro a qué personas quiero tener a mi lado de aquí en adelante, con quien quiero crecer.
Y creo que esa seguridad me da miedo. Porque en el pasado creí que también lo tenía claro y ahora ni siquiera hablo con muchas de las personas que creía que serían por cursi que suene “amigos para toda la vida”. Mi grupo de amigos ha cambiado desde el verano, unos se van, otros llegan, algunos se quedan. ¿Y si vuelve a pasar? ¿Y si mi pájaro en mano se escapa, y hay ciento uno volando? Hay personas de ese grupo a las que realmente me dolería perder.
He dejado atrás a personas que creía que valían la pena. He aguantado culpas que no tengo, enfados sin motivo y meses sin intercambiar palabra. Y he pedido perdón para luego volver a pasar lo mismo.
He aprendido que a veces, aunque duela, hay que anteponerse y pasar página.
Cuándo hoy, bromeando con un amigo sobre cómo sería un reencuentro de nuestro grupo dentro de veinte años, yo dije “¿te imaginas? A lo mejor es algo tipo: wow, no te veía desde hacía quince años”. Él se rió y me dijo que esperaba que eso no pasase. Y cuando yo le dije “yo también lo espero”, tardé en darme cuenta de lo sinceramente que lo había dicho. Porque ante ellos me cuesta admitirlo, pero, a pesar de todas nuestras riñas, les aprecio demasiado y no quiero que nuestros buenos momentos se acaben.
Y sí, quiero vivir historias de película con mis amigos y quiero contárselas a mis futuros e hipotéticos hijos sabiendo que conocen no solo sus nombres sino sus caras. Pero como nadie me lo puede asegurar, tendré que conformarme en vivir el presente con ellos y esperar que todo vaya bien.
No me arrepiento de mis decisiones.


 Laura

1 comentario:

  1. A mi me ha pasado varias veces eso de "amigos para siempre" que se convirtieron en pasado o "amigos para nunca", que es peor.
    Yo finalmente aprendí que los que van a estar siempre ahí son la familia y nadie más, el resto me demostró que el tiempo pasa y las etapas de amistad se desvanecen. No guardo rencor ninguno, de hecho recuerdo con cariño aquellos momentos (a excepción de un grupo de amigos... que dejemoslo en mierda), pero ya, yo sigo mi vida y ellos la suya, me alegro por las cosas buenas que le pasan y de vez en cuando nos vemos o hablamos para ver qué tal nos va y recordar viejos tiempos, pero ya.

    Así que ánimo, Laura, la vida no se acaba ahí. Sé que esas desilusiones duelen y te dejan vacío durante mucho tiempo, pero no tiene tanta importancia como la que le damos.

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