lunes, 31 de octubre de 2016

Carta de amor a distancia: a mi mejor amiga.



Querida mamá:
No sabes cuánto me gustaría estar ahora mismo ahí contigo, para darte un abrazo y felicitarte como de verdad mereces. Pero la verdad es que, más allá del simbolismo que conlleva un cumpleaños, este es un día como cualquier otro: un día tan bueno como cualquier otro para decirte esto, porque se aplica a todos y cada uno de los días del año.
Mi intención realmente era escribirte una carta a mano y dejártela en casa el fin de semana pasado, pero no tuve tiempo a escribirla. Además, luego me lo replanteé y me gustó más esta opción: tal vez no tenga el encanto de una carta escrita a mano, pero (aunque esta “carta” es toda tuya) quiero que pueda leérsela cualquiera persona a la que le apetezca. Porque lo que te diré ahora se puede decir más alto, pero no más claro y estoy orgullosa de sentir todo esto.

Tengo grabada una frase que me dijiste más de una vez antes de que me marchase: “Vas a echarnos de menos más de lo que piensas”. Tenías razón solo en parte, porque yo sí que sabía lo mucho que os iba a echar de menos; todavía no me había ido y ya os estaba echando de menos. Supongo que todo tiene un precio, y el de estudiar lo que quiero es tenerte lejos…
Sé que sabes que te extraño y en ocasiones me preocupa que te preocupe (es repetitivo, pero es así). Pero estoy muy contenta aquí, tanto que ni siquiera creo que esta morriña sea mala: solo es la prueba de que he me he alejado de personas y cosas que quería (y quiero) y que me hacían sentir orgullosa (y todavía lo hacen), para iniciar una etapa nueva. ¿No sería lo verdaderamente triste no tener nada que echar de menos? Yo, por suerte o por desgracia, tengo mucho que echar de menos.
Echo de menos que seas tú la que me despierta por la mañana. Echo de menos esas tardes en las que no hacía mi cama por pereza, pero te ayudaba a hacer la tuya porque mientras tanto hablaba contigo. Echo de menos buscarte por casa para darte un abrazo, simplemente porque me apetecía (ay, tus abrazos, eso sí que lo echo de menos…).
Sé que en este tipo de cartas (o lo que quiera que sea esto) se suele agradecer una larga lista de cosas. Si te diese las gracias por todo lo que te debo, seguramente esto no terminaría nunca. Tú me conoces bien, creo que sabes todo lo agradecida que te estoy por muchas cosas, aunque no siempre te lo diga.
Pero sí quiero darte un gracias especial: gracias por quererme en mis virtudes, pero también en mis defectos, que conoces igual de bien. Por ejemplo, sabes que a veces soy demasiado cerrada y tímida (cuántas veces habremos hablado de esto…): no sé cómo reaccionar ante un cumplido, aunque lo único que tenga que hacer sea decir “gracias”.
“Gracias”… volvemos a lo mismo, ¿no? Me callo todos los gracias. A partir de ahora, intentaré compensarlo: la próxima vez que alguien se me acerque y me diga por millonésima vez «¡oye, como te pareces a tu madre!», responderé lo que de verdad tengo que responder, «gracias». Gracias a ellos por halagarme. Gracias a ti por ser quien eres. Gracias a ti por hacerme quien soy.

No hace mucho, en una clase, surgió un debate sobre si la figura del “héroe” era necesaria en la sociedad. Yo creo que no (o al menos no en el sentido en el que se hablaba en clase), pero según mi profesor sí que es algo necesario: según él la sociedad necesita tener figuras que se muestren como imperturbables e invencibles, porque si no perderíamos la seguridad y la confianza. Nos dijo, como ejemplo, que cuando somos pequeños creemos que nuestros padres son héroes y que luego, al crecer y ver que son imperfectos, como todos los demás, perdemos esa imagen.
La verdad, no puedo estar más en desacuerdo. Yo creo que mientras tenemos esa imagen idealizada, la heroicidad carece de mérito. Que alguien perfecto haga las cosas perfectas no es un logro. Aunque es verdad que, al crecer, los hijos empezamos a ver vuestros defectos y vuestras dificultades, no creo que aquí dejéis de ser héroes; aquí pasáis a serlo de verdad. Por eso ahora que ya soy una niña grande (estoy muy lejos de ser adulta, sobre todo para ti) y sé que todo lo que has hecho por mí ha supuesto un esfuerzo y un sacrificio, es realmente cuando más te veo como una heroína. No de las de capa y súper poderes, obviamente, pero sí como alguien a quien tomar por ejemplo en casi todos los aspectos de la vida. Incluso en esos en los que eres imperfecta, porque es ante la imperfección donde se demuestra el esfuerzo, y es el esfuerzo lo que nos hace dignos de admiración.

Durante mucho tiempo me dijiste, y posiblemente me lo volverías a decir sin dudar, que una madre lo sabe todo de sus hijos. Siento tener que decírtelo, pero no es así. Es decir, tú sabes muchas cosas, pero no todo: tal vez sepas que te quiero mucho, pero nunca llegarás a imaginar lo mucho que te quiero.
Me gusta mucho una canción que en el estribillo dice:
« Porque dicen:
un hogar es donde tú corazón está tallado en piedra,
es a dónde vas cuando te sientes solo,
es dónde dejas reposar tus huesos.»
Y tú eres mi hogar.

Quérote moito,
Laura



P.D: Hace ya tiempo que escribo, eso lo sabes aunque no te dejase leer nada porque me daba vergüenza. Pero, ¿sabes? Nunca había llorado escribiendo nada. Esta ha sido la primera vez.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Reseña de "Dos amores de verano" y entrevista a su autora.




Hoy traigo una entrada que hace mucho tiempo que tengo pendiente (y cuando digo mucho hablo de casi un año). Pero, como se suele decir, mejor tarde que nunca. Así que aquí os dejo, por fin, la reseña de Dos amores de verano y la entrevista a su autora.

Título: Dos amores de verano.
Autor: Paula Velc.
Género: Juvenil, romance.
Año: 2014

Sinopsis.

Sara va a pasar las vacaciones de verano al pueblo que iba de pequeña, pero esta vez, no va por gusto propio. La última vez se fue sin despedirse de nadie ni avisar de que no volvería, lo que pasó fue demasiado para ella.
Ahora cuatro largos años después, su mejor amiga Laura y ella vuelven para hacer frente al pasado. Pero dos días antes de empezar sus vacaciones, conoce a Marcos por casualidad. Un chico pícaro, descarado y que siempre consigue sonrojarle. Está muy cómoda con él. Puede que demasiado.
La cosa se complica cuando Sara se entera de algo, que la descoloca por completo... Quizás el pasado ha sido toda una mentira...

Opinión.

Cuando una persona se vuelca de verdad en lo que escribe deja, casi sin quererlo, un rastro de sí mismo. A Paula se la puede conocer por lo que escribe: es romántica, soñadora y me atrevería a decir también idealista. Y así es también, por supuesto, Dos amores de verano.
El propio título, con ayuda de la portada, es un llamamiento en toda regla a los amantes de los enredos amorosos, ¿o no? De todas formas, ahí va el último aviso: si eres de los que considera demasiado empalagosa cualquier historia que trate sobre el amor, posiblemente esta no es tu novela. Pero si, por el contrario, eres un romántico empedernido, ¡anímate a leerla!
La historia que se nos cuenta en Dos amores de verano no es una historia de amor adulto y medido, sino que, siguiendo fiel al título, plasma la esencia del amor de verano adolescente: alocado, impulsivo y, en ocasiones, hasta un poco exagerado. Aunque cuenta con esas bonitas vueltas de tuerca que proporciona la literatura y que son poco probables en la realidad, nos relata, al fin y al cabo, algo que podría ocurrirle a cualquier adolescente en el verano de sus dieciocho años. Gracias a esto, la trama se vuelve ligera y engancha con facilidad, contando con el atractivo de la sencillez.
Los protagonistas son Sara y sus amigos, personajes que me gustaron especialmente por el siguiente motivo: en internet he leído más de una historia que tenía por protagonistas a un grupo de amigos y en más de una he acabado tirándome de los pelos, porque no conseguía aclarar quién era quién. Sé que no es una labor fácil para un escritor “principiante” (por así decirlo) crear personalidades diferenciadas a sus personajes sin convertirlos por completo en estereotipos, y en este aspecto la novela se merece un reconocimiento, porque todos los personajes tienen su propia personalidad, con sus virtudes y sus defectos, y se relacionan entre ellos con naturalidad; me gustaron especialmente los vínculos que había entre algunos de ellos, me parecieron muy dulces. La amistad es en esta obra tan importante como el amor, algo que se agradece bastante en medio de la plaga de historias de amor en las que solo importan “él y ella”. En resumen, son la clase de chicos con los que podrías cruzarte un día cualquiera por la calle y, a mi parecer, encajan de maravilla con el tipo de historia que la autora nos quiere contar.
A la naturalidad de los personajes y a la trama hay que sumar la forma de redactar de Paula. Tiene una narrativa ligera y fresca que ayuda mucho en la lectura. No os esperéis descripciones cargantes o sermones eternos, porque Dos amores de verano es una lectura muy rápida y activa, con una vitalidad adolescente que casi recuerda un poco al estilo de Canciones para Paula. Tiene también un toque de diversión que se agradece mucho; y con esto no me refiero a chistes fáciles, porque no es exactamente humor. Es, más bien, la diversión de los momentos cotidianos, de los amigos… una diversión muy de verano, por así decirlo.
Además quiero añadir que he leído esta historia dos veces, y entremedias Paula hizo algún que otro cambio, corrigiendo aquí y allá. Sinceramente, noté una mejora impresionante en su forma de escribir, mucho más correcta y, en cierto modo, más madura. Felicidades, Paula, de verdad.
El único “pero” que yo le pondría es que, desde mi punto de vista, ciertas situaciones parecen llevadas al extremo para añadir emoción a ciertas partes de la historia, siendo lo único que rompe un pelín con la naturalidad de la historia. Pero, como os digo, hablo desde mi punto de vista y esto es algo que le noto hasta a libros ya publicados en papel y de mucho éxito, así que tal vez sea demasiado quisquillosa. Para atenerse a los límites de la realidad ya está el día a día, supongo.
En conclusión, Dos amores de verano no es la clase de novela que oculta un trasfondo  de reflexiones, ni nada por el estilo. No es una lectura que hará que te exprimas la sesera (para bien o para mal). Dos amores de verano es una historia del ahora, adolescente, vital. La lectura perfecta para un par de tardes de verano, algo con lo que entretenerte, pasar un buen rato y enternecerte un poco. Totalmente recomendable si lo que buscas es una historia de amor y de amistad fácil de leer y con aires de verano.

Entrevista a la autora.

¡Hola, Paula! Bienvenida (por fin) a “De mi mente a las letras”. 

Sobre Dos amores de verano.
—¿Cómo nacieron esta novela y sus personajes? Si no me equivoco, la trama tiene cierta inspiración en la realidad, pero ¿los personajes también? 
La historia creció poco a poco. Tenía alguna idea de por dónde iban a ir los tiros pero la gran parte surgió de escenas que me venían a la mente según escribía, dada la personalidad y el carácter de los personajes. Suena mucho a tópico, pero fueron ellos los que me guiaron.
Estos también tienen una parte de realidad, pero menos de la que creía en un principio que tendrían. Cuando los imaginé, lo hice basándome en gente que conozco pero a medida que la historia avanzaba se despegaron de esa idea que tenía y acabaron siendo unas personas totalmente diferentes.

—Imagina que, de repente, aparecieses en Velc. ¿Con quién te llevarías mejor y con quién te llevarías peor?
No sería difícil aprecer en Velc ya que en cierto modo existe.
Me llevaría muy bien con Irene porque aunque es muy diferente a mí y puede parecer gruñona en muchas ocasiones, tiene un gran corazón. Es amiga de sus amigos, cariñosa, decidida y valiente.
Y, como supongo que todo el mundo, odiaría a Alba. Conozco a muchas personas como ella (no tan en el extremo) cuyo único objetivo es verte sufrir. No solo es mala persona con Sara, sino que con Irene, Alicia y Pablo que no le han hecho nada también.

—¿Eso significa que el personaje con el que mejor te llevarías es tu personaje favorito o hay otro que, a pesar de que congeniaría peor contigo, consideras mejor?
No diría que Irene es mi personaje favorito porque no podría elegir, pero sí me caería genial.
Sin embargo, hay un personaje al que, una vez terminada la novela, me arrepentí de no haberle dado mayor protagonismo: Jaime. Con él también me hubiese llevado muy bien. Es el típico amigo que todos deberíamos tener. Escucha tus problemas, te ayuda y aconseja y está siempre ahí para cuando lo necesites sin esperar nada a cambio.

—Durante todo el proceso de escritura… ¿qué parte te resultó más difícil de escribir y por qué? ¿Había alguna que te hiciese especial ilusión?
Muchas partes me resultaron difíciles de escribir porque sabía lo que quería decir pero no me gustaba como lo estaba contando. El capítulo 14, por ejemplo es uno de ellos. No me terminaba de convencer cómo había explicado aquello y creo que aún no me gusta 100%.
También hubo varias escenas que me hicieron ilusión escribir pero no puedo decir mucho tampoco.

—En ocasiones pensamos mucho una escena que todavía no hemos escrito, le damos vueltas y más vueltas, y cuando nos ponemos manos a la obra nos damos cuenta de que no encaja del todo bien, de que lo que hacen los personajes no es propio de su personalidad… y acabamos por cambiar todo lo que tanto habíamos pensado. ¿Te pasó con alguna escena de Dos amores de verano?
Creo que con Alicia me pasó algo parecido. En un principio iba a ser una chica mucho más inocente e ingenua (que no tonta) de lo que al final es. Pero según iba escribiendo me di cuenta de que necesitaba una Ali más atrevida, más divertida y mucho más inteligente y pícara.

—¿Y qué hay del final? ¿Lo tuviste claro desde el primer momento o surgió a medida que escribías?
¿Te puedes creer que ni yo misma sabía qué iba a ocurrir al final? Cada día que me ponía delante del ordenador decía una cosa totalmente diferente. Y creo que no fue hasta el capítulo 15 o 16 que lo tuve más o menos claro.

—¿Cómo fue ponerle el punto final a Dos amores de verano? ¿Qué sentiste al ver la novela terminada?
Pues imagínate. Llevo escribiendo desde los nueve años y jamás había terminado una novela. Tenía muchísimas empezadas con diferentes argumentos, de distintos géneros… pero no había conseguido escribir una de principio a fin. Así que cuando la terminé no me lo creía. Fue uno de esos momentos en los que hasta mucho tiempo después no te das cuenta de lo que ha pasado. Y ese día fue genial. Además, puede parecer una tontería pero a mí me hacía una inmensa ilusión terminar mi primera novela siendo todavía menor de edad, y lo conseguí.


Sobre la escritura y sobre ti.
—Bien, empecemos por el principio… ¿en qué momento decidiste empezar a escribir? ¿Qué fue lo que te llevó a ello?  Y desde ese momento, ¿notas algún cambio notable en tu forma de escribir? ¿Cuál dirías que es la mayor diferencia?
No recuerdo exactamente cómo empecé a escribir ni por qué. Simplemente tengo el recuerdo de estar sentada delante del ordenador escribiendo un relato sobre Halloween (sí antes me iban esas cosas jajaja). Y eso fue lo primero que escribí.
Teniendo en cuenta que tenía nueve años en ese momento, sí he notado una gran diferencia en mi narración. Aunque tengo clarísimo que me queda mucho por aprender.

—Aunque, por suerte, cada vez está visto con más naturalidad, a mucha gente todavía le resulta extraño que a la gente joven le interese la escritura. ¿Qué opinan tus amigos y tu familia de que escribas?
Muchos de ellos no lo saben y los que sí, tampoco muestran mucho interés por ello. Solo de vez en cuando me dicen algo relacionado con el tema. Es algo que en un principio me dolió muchísimo, pero ya me he acostumbrado. Deben de creer que es algo pasajero y que ya se me pasará. Espero en un futuro no muy lejano poder demostrarles que esto es lo que realmente quiero hacer.

—¿Qué es lo que te inspira a escribir? Sea lo que sea, me atrevo a decir que a veces falla. Ante el “síndrome de la página en blanco”, ¿cuál es tu solución para salir de un bloqueo y ser capaz de seguir escribiendo?
Depende. En las historias románticas me puede la imaginación y las películas que me monto yo sola en la cabeza. Empieza siendo algo simple y se acaba convirtiendo en una historia que a mí me gustaría vivir o que me hubiera gustado poder experimentar en el pasado y que, por un motivo u otro nunca llegué a vivir o sé con certeza que jamás me ocurrirá algo así. En el caso de las de fantasía y misterio vienen solas por una idea pequeña que yo me encargo de alimentar poco a poco hasta que cogen forma.
En cuanto al bloqueo de escritor, yo tengo muy clara una cosa y es que no se puede forzar. Mucha gente cree que hay que tener una rutina de escritura, que siempre debes escribir un número de hojas, palabras o capítulos. Y no es así. Yo escribo a mi ritmo y según me apetece. Si de repente llega un momento de bloqueo, me doy tiempo. Dejo de escribir durante unos días, unas semanas o unos meses. Escribir es lo que más me gusta hacer y sé que si me despejo un poco de la historia al final las ganas volverán y con ellas la idea que me falta.

—¿En qué momento decidiste compartir lo escribías en internet y por qué te decantaste por Wattpad para hacerlo?
Realmente me costó muchísimo decidirme a compartir lo que escribía con los demás. Nunca me ha gustado que la gente me lea y opine de lo que escribo para bien o para mal. Pero finalmente me animé y la cosa no ha salido tan mal, ¿no?
No recuerdo cómo conocí wattpad pero me pareció mucho más cómodo que un blog y que podía llegar a más gente.
(He de decir que previamente ya lo había intentado en un blog y que cuando llevaba 9 capítulos se me fue la cabeza y eliminé el blog, y con él toda la historia escrita hasta el momento.)

—¿La publicación de Dos amores de verano en Wattpad fue mejor o peor de lo que esperabas? ¿Qué ha sido lo mejor que te ha dicho un lector?
Mucho mejor. He recibido muchas críticas que me han ayudado a mejorar aspectos de la novela tanto de trama como de escritura en general. No podría quedarme solo con uno. Todos los apoyos son increíbles.

—Literariamente hablando, ¿cuál sería tu gran sueño?
Uno muy difícil, por no decir imposible; vivir de mis novelas. Ser una escritora reconocida con lectores por todo el mundo. Creo que es el sueño de todos los amantes de la escritura pero muy pocos lo consiguen.

—¿Ves la publicación en papel como una posibilidad para el futuro próximo?
Sí, o eso espero. Pero no de Dos amores de verano. Soy consciente de que esta historia tiene muchos fallos de todo tipo (soy consciente de que está llena de tópicos y de situaciones surrelistas) que estoy intentado corregir en otras novelas.

—¿Dónde puede seguirte la gente interesada en lo que escribes?
En mis redes sociales y en mi blog: Una vida entre palabras.
@paulavelc8                       @paulavelc8


Muchas gracias por colaborar, Paula. Y felicidades por tu novela.

martes, 16 de agosto de 2016

Sobre el peso de las modelos.

Y dijo la opinión popular:



«Ella es demasiado delgada.
Ella es anoréxica.
Ella está enferma, su peso no es sano.
Ella no debería tener tanta influencia, porque su cuerpo no es la clase de cuerpo que una chica debería desear.
Lo que hace está mal».






«Ella es reivindicativa.
Ella es feminista.
Ella defiende la diversidad, sin complejos.
Ella debería tener más influencia, porque ama su cuerpo, y anima a los demás a hacerlo.
Lo que hace está bien».





En la primera foto tenemos a Bridget Malcolm, modelo. En la segunda foto, a Tess Holliday, también modelo.
Aunque Bridget Malcolm desfila para una firma tan influyente como es Victoria’s Secret, Tess Holliday no se queda atrás en reconocimiento: desfila para MiLK Management y la revista Vogue Italia la ha calificado como una de las seis modelos de tallas grandes más importantes del panorama de la moda actual. Ha sido el rostro (y el cuerpo) de varios programas de televisión y de una gran cantidad de vallas publicitarias.
Tess Holliday es, en cierto modo, única en su campo. Anna Shillinglaw, directora de la agencia que la contrató, dijo en una entrevista: “Creo que somos la única agencia con una modelo de su talla. Ella es por lejos la modelo más grande que he tenido en la división Curve”. Y, por lo visto, ahora tener un sobrepeso tan grande, la hace mejor.

No tengo muy claro en qué momento razonamientos como estos se hicieron válidos. Supongo que todo comenzó con esa ansia transgresora sin límites que tan inculcada está a día de hoy. Demasiados escándalos: modelos cada vez más delgadas, chicas que caían en trastornos alimenticios para conseguir sus figuras, quejas por el tallado cada vez más reducido de las grandes compañías textiles. Y la industria de la moda (o al menos parte de ella) tuvo que aceptarlo por fin: sus consumidores exigían un cambio.
Y por un momento, la cosa parecía ir bien. Las medidas de las modelos empezaron a diversificarse, y la talla grande, el llamado fenómeno “curvy”, se hizo un hueco notable en la moda, con el respaldo de los defensores de la naturalidad.
Pero todo debería tener un límite. Y digo “debería”, porque por lo visto no lo tiene. Cuando se constató la aceptación de este nuevo tipo de modelos, las grandes firmas (y las pequeñas también, aunque con menos repercusión) decidieron jugar al quién da más.  
Ganaba, por supuesto, el que tuviese la modelo más gorda. Esta era presentada como un símbolo de diversidad, de aceptación de uno mismo, de feminismo y de cualquier otro termino con el que pudiesen proclamar lo abiertos de mente que eran.
Buscando información en internet sobre el tema, encontré una entrevista a Tara Lynn, otra cotizada modelo de tallas grandes (aunque con unas medidas mucho más moderadas que las de Holliday), y me sorprendió ver cómo ella misma era capaz de ver todo esto desde dentro. Decía:

“Mucha de la atracción mediática que captamos entonces las modelos de tallas grandes parecía dirigida a encubrir la presencia de tanta maniquí esquelética.
Por momentos nos sentimos como una diversión más en ese circo.
Algo así como: ‘Mirad, apostamos por la diversidad’.
Piensas que has roto un molde, cuando, en realidad, te han metido en otro”.


Sin embargo, no todo el mundo parecía ver las cosas como las veía Tara Lynn. El juego continuaba y MiLK Management se alzó como último ganador tras contratar a Tess Holliday. Reivindicando el derecho de cada uno a amar su propio cuerpo e incluso rechazando términos como “curvy” por considerarlo un eufemismo innecesario, Holliday encajaba a la perfección en este nuevo molde del que hablaba la otra modelo. Lo último que pretendo es menospreciar su labor (sea de modelo, sea de figura pública), pero no acabo de entender porqué ella se le aplaude cuando se muestra orgullosa de su cuerpo mientras que Bridget Malcolm ha sido recientemente el centro de una gran polémica por la misma razón.

Bridget Malcolm mide 1,79 m y pesa 55 kg. Su índice de masa corporal es de 17,2 kg/m2.
Tess Holliday mide 1,65 m y pesa 120 kg. Su índice de masa corporal es de 44,07 kg/m2.
El IMC de una mujer adulta con un peso apropiado debería estar entre 19 y 24 kg/m2.
 
No es difícil ver que Malcolm está mucho más próxima a un peso sano de lo que está Holliday, pues el IMC de la primera se puede alcanzar estando sano si tienes una complexión delgada.
Con esto no pretendo atacar a nadie ni convencer a nadie. Solo pretendo dar mi opinión sobre uno de esos aspectos de nuestro día a día que encuentro un tanto ilógico. Creamos temas tabú sin necesidad de ello, autoconvenciéndonos de que si algo es malo, lo contrario será bueno, y ese razonamiento no siempre es válido. Ahora que nos permitimos decir “oye, deberías coger peso, estar tan delgada no es sano”, no deberíamos vetarnos el “oye, deberías bajar de peso, estar tan gorda no es sano”.
Así que, del mismo modo en el que modelos demasiado delgadas no deberían ser el ejemplo a seguir de todas esas chicas a las que el mundo de la moda influencia más o menos directamente, las modelos demasiado gordas tampoco.
Es obvio que al mundo de la moda le falta mucho para representar la imagen de la mujer real y las medidas que se están tomando para cambiarlo no son las adecuadas. En lugar de decantarse por los extremos, se debería apostar por una diversidad real; una diversidad que diese cabida a modelos como Bridget Malcolm y como Tess Holliday, sí, porque más allá de las pasarelas hay mujeres con cuerpos similares a los suyos a las que les gustará que la moda las tenga en cuenta. Pero también una diversidad que vaya más allá y en la que predomine, ante todo, el cuerpo sano