miércoles, 14 de septiembre de 2016

Reseña de "Dos amores de verano" y entrevista a su autora.




Hoy traigo una entrada que hace mucho tiempo que tengo pendiente (y cuando digo mucho hablo de casi un año). Pero, como se suele decir, mejor tarde que nunca. Así que aquí os dejo, por fin, la reseña de Dos amores de verano y la entrevista a su autora.

Título: Dos amores de verano.
Autor: Paula Velc.
Género: Juvenil, romance.
Año: 2014

Sinopsis.

Sara va a pasar las vacaciones de verano al pueblo que iba de pequeña, pero esta vez, no va por gusto propio. La última vez se fue sin despedirse de nadie ni avisar de que no volvería, lo que pasó fue demasiado para ella.
Ahora cuatro largos años después, su mejor amiga Laura y ella vuelven para hacer frente al pasado. Pero dos días antes de empezar sus vacaciones, conoce a Marcos por casualidad. Un chico pícaro, descarado y que siempre consigue sonrojarle. Está muy cómoda con él. Puede que demasiado.
La cosa se complica cuando Sara se entera de algo, que la descoloca por completo... Quizás el pasado ha sido toda una mentira...

Opinión.

Cuando una persona se vuelca de verdad en lo que escribe deja, casi sin quererlo, un rastro de sí mismo. A Paula se la puede conocer por lo que escribe: es romántica, soñadora y me atrevería a decir también idealista. Y así es también, por supuesto, Dos amores de verano.
El propio título, con ayuda de la portada, es un llamamiento en toda regla a los amantes de los enredos amorosos, ¿o no? De todas formas, ahí va el último aviso: si eres de los que considera demasiado empalagosa cualquier historia que trate sobre el amor, posiblemente esta no es tu novela. Pero si, por el contrario, eres un romántico empedernido, ¡anímate a leerla!
La historia que se nos cuenta en Dos amores de verano no es una historia de amor adulto y medido, sino que, siguiendo fiel al título, plasma la esencia del amor de verano adolescente: alocado, impulsivo y, en ocasiones, hasta un poco exagerado. Aunque cuenta con esas bonitas vueltas de tuerca que proporciona la literatura y que son poco probables en la realidad, nos relata, al fin y al cabo, algo que podría ocurrirle a cualquier adolescente en el verano de sus dieciocho años. Gracias a esto, la trama se vuelve ligera y engancha con facilidad, contando con el atractivo de la sencillez.
Los protagonistas son Sara y sus amigos, personajes que me gustaron especialmente por el siguiente motivo: en internet he leído más de una historia que tenía por protagonistas a un grupo de amigos y en más de una he acabado tirándome de los pelos, porque no conseguía aclarar quién era quién. Sé que no es una labor fácil para un escritor “principiante” (por así decirlo) crear personalidades diferenciadas a sus personajes sin convertirlos por completo en estereotipos, y en este aspecto la novela se merece un reconocimiento, porque todos los personajes tienen su propia personalidad, con sus virtudes y sus defectos, y se relacionan entre ellos con naturalidad; me gustaron especialmente los vínculos que había entre algunos de ellos, me parecieron muy dulces. La amistad es en esta obra tan importante como el amor, algo que se agradece bastante en medio de la plaga de historias de amor en las que solo importan “él y ella”. En resumen, son la clase de chicos con los que podrías cruzarte un día cualquiera por la calle y, a mi parecer, encajan de maravilla con el tipo de historia que la autora nos quiere contar.
A la naturalidad de los personajes y a la trama hay que sumar la forma de redactar de Paula. Tiene una narrativa ligera y fresca que ayuda mucho en la lectura. No os esperéis descripciones cargantes o sermones eternos, porque Dos amores de verano es una lectura muy rápida y activa, con una vitalidad adolescente que casi recuerda un poco al estilo de Canciones para Paula. Tiene también un toque de diversión que se agradece mucho; y con esto no me refiero a chistes fáciles, porque no es exactamente humor. Es, más bien, la diversión de los momentos cotidianos, de los amigos… una diversión muy de verano, por así decirlo.
Además quiero añadir que he leído esta historia dos veces, y entremedias Paula hizo algún que otro cambio, corrigiendo aquí y allá. Sinceramente, noté una mejora impresionante en su forma de escribir, mucho más correcta y, en cierto modo, más madura. Felicidades, Paula, de verdad.
El único “pero” que yo le pondría es que, desde mi punto de vista, ciertas situaciones parecen llevadas al extremo para añadir emoción a ciertas partes de la historia, siendo lo único que rompe un pelín con la naturalidad de la historia. Pero, como os digo, hablo desde mi punto de vista y esto es algo que le noto hasta a libros ya publicados en papel y de mucho éxito, así que tal vez sea demasiado quisquillosa. Para atenerse a los límites de la realidad ya está el día a día, supongo.
En conclusión, Dos amores de verano no es la clase de novela que oculta un trasfondo  de reflexiones, ni nada por el estilo. No es una lectura que hará que te exprimas la sesera (para bien o para mal). Dos amores de verano es una historia del ahora, adolescente, vital. La lectura perfecta para un par de tardes de verano, algo con lo que entretenerte, pasar un buen rato y enternecerte un poco. Totalmente recomendable si lo que buscas es una historia de amor y de amistad fácil de leer y con aires de verano.

Entrevista a la autora.

¡Hola, Paula! Bienvenida (por fin) a “De mi mente a las letras”. 

Sobre Dos amores de verano.
—¿Cómo nacieron esta novela y sus personajes? Si no me equivoco, la trama tiene cierta inspiración en la realidad, pero ¿los personajes también? 
La historia creció poco a poco. Tenía alguna idea de por dónde iban a ir los tiros pero la gran parte surgió de escenas que me venían a la mente según escribía, dada la personalidad y el carácter de los personajes. Suena mucho a tópico, pero fueron ellos los que me guiaron.
Estos también tienen una parte de realidad, pero menos de la que creía en un principio que tendrían. Cuando los imaginé, lo hice basándome en gente que conozco pero a medida que la historia avanzaba se despegaron de esa idea que tenía y acabaron siendo unas personas totalmente diferentes.

—Imagina que, de repente, aparecieses en Velc. ¿Con quién te llevarías mejor y con quién te llevarías peor?
No sería difícil aprecer en Velc ya que en cierto modo existe.
Me llevaría muy bien con Irene porque aunque es muy diferente a mí y puede parecer gruñona en muchas ocasiones, tiene un gran corazón. Es amiga de sus amigos, cariñosa, decidida y valiente.
Y, como supongo que todo el mundo, odiaría a Alba. Conozco a muchas personas como ella (no tan en el extremo) cuyo único objetivo es verte sufrir. No solo es mala persona con Sara, sino que con Irene, Alicia y Pablo que no le han hecho nada también.

—¿Eso significa que el personaje con el que mejor te llevarías es tu personaje favorito o hay otro que, a pesar de que congeniaría peor contigo, consideras mejor?
No diría que Irene es mi personaje favorito porque no podría elegir, pero sí me caería genial.
Sin embargo, hay un personaje al que, una vez terminada la novela, me arrepentí de no haberle dado mayor protagonismo: Jaime. Con él también me hubiese llevado muy bien. Es el típico amigo que todos deberíamos tener. Escucha tus problemas, te ayuda y aconseja y está siempre ahí para cuando lo necesites sin esperar nada a cambio.

—Durante todo el proceso de escritura… ¿qué parte te resultó más difícil de escribir y por qué? ¿Había alguna que te hiciese especial ilusión?
Muchas partes me resultaron difíciles de escribir porque sabía lo que quería decir pero no me gustaba como lo estaba contando. El capítulo 14, por ejemplo es uno de ellos. No me terminaba de convencer cómo había explicado aquello y creo que aún no me gusta 100%.
También hubo varias escenas que me hicieron ilusión escribir pero no puedo decir mucho tampoco.

—En ocasiones pensamos mucho una escena que todavía no hemos escrito, le damos vueltas y más vueltas, y cuando nos ponemos manos a la obra nos damos cuenta de que no encaja del todo bien, de que lo que hacen los personajes no es propio de su personalidad… y acabamos por cambiar todo lo que tanto habíamos pensado. ¿Te pasó con alguna escena de Dos amores de verano?
Creo que con Alicia me pasó algo parecido. En un principio iba a ser una chica mucho más inocente e ingenua (que no tonta) de lo que al final es. Pero según iba escribiendo me di cuenta de que necesitaba una Ali más atrevida, más divertida y mucho más inteligente y pícara.

—¿Y qué hay del final? ¿Lo tuviste claro desde el primer momento o surgió a medida que escribías?
¿Te puedes creer que ni yo misma sabía qué iba a ocurrir al final? Cada día que me ponía delante del ordenador decía una cosa totalmente diferente. Y creo que no fue hasta el capítulo 15 o 16 que lo tuve más o menos claro.

—¿Cómo fue ponerle el punto final a Dos amores de verano? ¿Qué sentiste al ver la novela terminada?
Pues imagínate. Llevo escribiendo desde los nueve años y jamás había terminado una novela. Tenía muchísimas empezadas con diferentes argumentos, de distintos géneros… pero no había conseguido escribir una de principio a fin. Así que cuando la terminé no me lo creía. Fue uno de esos momentos en los que hasta mucho tiempo después no te das cuenta de lo que ha pasado. Y ese día fue genial. Además, puede parecer una tontería pero a mí me hacía una inmensa ilusión terminar mi primera novela siendo todavía menor de edad, y lo conseguí.


Sobre la escritura y sobre ti.
—Bien, empecemos por el principio… ¿en qué momento decidiste empezar a escribir? ¿Qué fue lo que te llevó a ello?  Y desde ese momento, ¿notas algún cambio notable en tu forma de escribir? ¿Cuál dirías que es la mayor diferencia?
No recuerdo exactamente cómo empecé a escribir ni por qué. Simplemente tengo el recuerdo de estar sentada delante del ordenador escribiendo un relato sobre Halloween (sí antes me iban esas cosas jajaja). Y eso fue lo primero que escribí.
Teniendo en cuenta que tenía nueve años en ese momento, sí he notado una gran diferencia en mi narración. Aunque tengo clarísimo que me queda mucho por aprender.

—Aunque, por suerte, cada vez está visto con más naturalidad, a mucha gente todavía le resulta extraño que a la gente joven le interese la escritura. ¿Qué opinan tus amigos y tu familia de que escribas?
Muchos de ellos no lo saben y los que sí, tampoco muestran mucho interés por ello. Solo de vez en cuando me dicen algo relacionado con el tema. Es algo que en un principio me dolió muchísimo, pero ya me he acostumbrado. Deben de creer que es algo pasajero y que ya se me pasará. Espero en un futuro no muy lejano poder demostrarles que esto es lo que realmente quiero hacer.

—¿Qué es lo que te inspira a escribir? Sea lo que sea, me atrevo a decir que a veces falla. Ante el “síndrome de la página en blanco”, ¿cuál es tu solución para salir de un bloqueo y ser capaz de seguir escribiendo?
Depende. En las historias románticas me puede la imaginación y las películas que me monto yo sola en la cabeza. Empieza siendo algo simple y se acaba convirtiendo en una historia que a mí me gustaría vivir o que me hubiera gustado poder experimentar en el pasado y que, por un motivo u otro nunca llegué a vivir o sé con certeza que jamás me ocurrirá algo así. En el caso de las de fantasía y misterio vienen solas por una idea pequeña que yo me encargo de alimentar poco a poco hasta que cogen forma.
En cuanto al bloqueo de escritor, yo tengo muy clara una cosa y es que no se puede forzar. Mucha gente cree que hay que tener una rutina de escritura, que siempre debes escribir un número de hojas, palabras o capítulos. Y no es así. Yo escribo a mi ritmo y según me apetece. Si de repente llega un momento de bloqueo, me doy tiempo. Dejo de escribir durante unos días, unas semanas o unos meses. Escribir es lo que más me gusta hacer y sé que si me despejo un poco de la historia al final las ganas volverán y con ellas la idea que me falta.

—¿En qué momento decidiste compartir lo escribías en internet y por qué te decantaste por Wattpad para hacerlo?
Realmente me costó muchísimo decidirme a compartir lo que escribía con los demás. Nunca me ha gustado que la gente me lea y opine de lo que escribo para bien o para mal. Pero finalmente me animé y la cosa no ha salido tan mal, ¿no?
No recuerdo cómo conocí wattpad pero me pareció mucho más cómodo que un blog y que podía llegar a más gente.
(He de decir que previamente ya lo había intentado en un blog y que cuando llevaba 9 capítulos se me fue la cabeza y eliminé el blog, y con él toda la historia escrita hasta el momento.)

—¿La publicación de Dos amores de verano en Wattpad fue mejor o peor de lo que esperabas? ¿Qué ha sido lo mejor que te ha dicho un lector?
Mucho mejor. He recibido muchas críticas que me han ayudado a mejorar aspectos de la novela tanto de trama como de escritura en general. No podría quedarme solo con uno. Todos los apoyos son increíbles.

—Literariamente hablando, ¿cuál sería tu gran sueño?
Uno muy difícil, por no decir imposible; vivir de mis novelas. Ser una escritora reconocida con lectores por todo el mundo. Creo que es el sueño de todos los amantes de la escritura pero muy pocos lo consiguen.

—¿Ves la publicación en papel como una posibilidad para el futuro próximo?
Sí, o eso espero. Pero no de Dos amores de verano. Soy consciente de que esta historia tiene muchos fallos de todo tipo (soy consciente de que está llena de tópicos y de situaciones surrelistas) que estoy intentado corregir en otras novelas.

—¿Dónde puede seguirte la gente interesada en lo que escribes?
En mis redes sociales y en mi blog: Una vida entre palabras.
@paulavelc8                       @paulavelc8


Muchas gracias por colaborar, Paula. Y felicidades por tu novela.

martes, 16 de agosto de 2016

Sobre el peso de las modelos.

Y dijo la opinión popular:



«Ella es demasiado delgada.
Ella es anoréxica.
Ella está enferma, su peso no es sano.
Ella no debería tener tanta influencia, porque su cuerpo no es la clase de cuerpo que una chica debería desear.
Lo que hace está mal».






«Ella es reivindicativa.
Ella es feminista.
Ella defiende la diversidad, sin complejos.
Ella debería tener más influencia, porque ama su cuerpo, y anima a los demás a hacerlo.
Lo que hace está bien».





En la primera foto tenemos a Bridget Malcolm, modelo. En la segunda foto, a Tess Holliday, también modelo.
Aunque Bridget Malcolm desfila para una firma tan influyente como es Victoria’s Secret, Tess Holliday no se queda atrás en reconocimiento: desfila para MiLK Management y la revista Vogue Italia la ha calificado como una de las seis modelos de tallas grandes más importantes del panorama de la moda actual. Ha sido el rostro (y el cuerpo) de varios programas de televisión y de una gran cantidad de vallas publicitarias.
Tess Holliday es, en cierto modo, única en su campo. Anna Shillinglaw, directora de la agencia que la contrató, dijo en una entrevista: “Creo que somos la única agencia con una modelo de su talla. Ella es por lejos la modelo más grande que he tenido en la división Curve”. Y, por lo visto, ahora tener un sobrepeso tan grande, la hace mejor.

No tengo muy claro en qué momento razonamientos como estos se hicieron válidos. Supongo que todo comenzó con esa ansia transgresora sin límites que tan inculcada está a día de hoy. Demasiados escándalos: modelos cada vez más delgadas, chicas que caían en trastornos alimenticios para conseguir sus figuras, quejas por el tallado cada vez más reducido de las grandes compañías textiles. Y la industria de la moda (o al menos parte de ella) tuvo que aceptarlo por fin: sus consumidores exigían un cambio.
Y por un momento, la cosa parecía ir bien. Las medidas de las modelos empezaron a diversificarse, y la talla grande, el llamado fenómeno “curvy”, se hizo un hueco notable en la moda, con el respaldo de los defensores de la naturalidad.
Pero todo debería tener un límite. Y digo “debería”, porque por lo visto no lo tiene. Cuando se constató la aceptación de este nuevo tipo de modelos, las grandes firmas (y las pequeñas también, aunque con menos repercusión) decidieron jugar al quién da más.  
Ganaba, por supuesto, el que tuviese la modelo más gorda. Esta era presentada como un símbolo de diversidad, de aceptación de uno mismo, de feminismo y de cualquier otro termino con el que pudiesen proclamar lo abiertos de mente que eran.
Buscando información en internet sobre el tema, encontré una entrevista a Tara Lynn, otra cotizada modelo de tallas grandes (aunque con unas medidas mucho más moderadas que las de Holliday), y me sorprendió ver cómo ella misma era capaz de ver todo esto desde dentro. Decía:

“Mucha de la atracción mediática que captamos entonces las modelos de tallas grandes parecía dirigida a encubrir la presencia de tanta maniquí esquelética.
Por momentos nos sentimos como una diversión más en ese circo.
Algo así como: ‘Mirad, apostamos por la diversidad’.
Piensas que has roto un molde, cuando, en realidad, te han metido en otro”.


Sin embargo, no todo el mundo parecía ver las cosas como las veía Tara Lynn. El juego continuaba y MiLK Management se alzó como último ganador tras contratar a Tess Holliday. Reivindicando el derecho de cada uno a amar su propio cuerpo e incluso rechazando términos como “curvy” por considerarlo un eufemismo innecesario, Holliday encajaba a la perfección en este nuevo molde del que hablaba la otra modelo. Lo último que pretendo es menospreciar su labor (sea de modelo, sea de figura pública), pero no acabo de entender porqué ella se le aplaude cuando se muestra orgullosa de su cuerpo mientras que Bridget Malcolm ha sido recientemente el centro de una gran polémica por la misma razón.

Bridget Malcolm mide 1,79 m y pesa 55 kg. Su índice de masa corporal es de 17,2 kg/m2.
Tess Holliday mide 1,65 m y pesa 120 kg. Su índice de masa corporal es de 44,07 kg/m2.
El IMC de una mujer adulta con un peso apropiado debería estar entre 19 y 24 kg/m2.
 
No es difícil ver que Malcolm está mucho más próxima a un peso sano de lo que está Holliday, pues el IMC de la primera se puede alcanzar estando sano si tienes una complexión delgada.
Con esto no pretendo atacar a nadie ni convencer a nadie. Solo pretendo dar mi opinión sobre uno de esos aspectos de nuestro día a día que encuentro un tanto ilógico. Creamos temas tabú sin necesidad de ello, autoconvenciéndonos de que si algo es malo, lo contrario será bueno, y ese razonamiento no siempre es válido. Ahora que nos permitimos decir “oye, deberías coger peso, estar tan delgada no es sano”, no deberíamos vetarnos el “oye, deberías bajar de peso, estar tan gorda no es sano”.
Así que, del mismo modo en el que modelos demasiado delgadas no deberían ser el ejemplo a seguir de todas esas chicas a las que el mundo de la moda influencia más o menos directamente, las modelos demasiado gordas tampoco.
Es obvio que al mundo de la moda le falta mucho para representar la imagen de la mujer real y las medidas que se están tomando para cambiarlo no son las adecuadas. En lugar de decantarse por los extremos, se debería apostar por una diversidad real; una diversidad que diese cabida a modelos como Bridget Malcolm y como Tess Holliday, sí, porque más allá de las pasarelas hay mujeres con cuerpos similares a los suyos a las que les gustará que la moda las tenga en cuenta. Pero también una diversidad que vaya más allá y en la que predomine, ante todo, el cuerpo sano

martes, 2 de agosto de 2016

Apologías a golpe de "porque sí"




No me considero retrógrada.
No me considero mejor que nadie.
No considero que cuestione los derechos ajenos.

Y, a pesar de todo, la opinión popular insiste en que me equivoco al pensar eso. ¿Por qué? Es sencillo, porque sostengo que no todas las opiniones son igual de válidas.
La verdad es que creo que pronunciar esas palabras en voz alta es la forma más eficaz de convocar a un tipo de individuo en concreto: ese que se las da de moderno y, con fachada de hombre/mujer de izquierdas, te dirá con tono de reproche «eso va en contra de la igualdad».
Pero el tema de la igualdad está ya muy masticado. Troceado, reblandecido y fácil de tragar… ¿no es eso lo que nos gusta? Nos gusta que alguien nos diga «los seres humanos somos iguales en todo», y nosotros, que no queremos tener que darle muchas vueltas a las cosas (porque pensar supone un esfuerzo cada vez mayor, por lo que se ve) aplaudimos esa idea, que vemos como tan cierta y justa, y que es tan fácil de adoptar.
Ahora la desigualdad se ha convertido en un tema tabú, produciendo un rechazo automático injustificado. Por supuesto que la igualdad entre personas está ahí, pero no en cualquier ámbito. Defiendo y defenderé siempre la igualdad del valor de las personas como seres humanos, pero ¿también debo defender la igualdad del valor de las personas como arquitectos, por ejemplo? ¿Como cocineros? ¿Como artistas? ¿Como astronautas? No. Las personas somos desiguales y eso no es algo malo. «Si todos fuésemos iguales, el mundo estaría perdido», dice mi abuelo, acertadamente.
A la distorsionada idea de “igualdad” se debe sumar otra idea más distorsionada, si cabe: la libertad de expresión. Casi en alianza con el relativismo, la libertad de expresión es vista por muchos como que “puedo decir lo que quiera y la gente tiene que aceptarlo,  porque es mi opinión, y las opiniones hay que respetarlas”. Y ante la pregunta de por qué deben ser respetadas las opiniones, llega la gota que colma el vaso (un vaso que ya hemos llenado con significados tergiversados): el “porque sí”.
Basta con esas dos palabras para echar abajo cualquier argumento que se pueda plantear porque… bueno, porque sí. Porque al existir la “libertad de expresión” (permitidme entrecomillarlo, de tanto que se ha retorcido el término casi debería tener un nombre nuevo) no necesitan tener razones. Y como existe la “igualdad” (otro tanto de lo mismo) nadie puede cuestionar lo que dicen, puesto que nunca será más incorrecto que la opinión de ningún otro.
Y con este sencillo proceso, señores y señoras, es como la “igualdad” y la “libertad de expresión” se convierten en los nuevos escudos de la ignorancia.
Ahora cualquiera puede decir que el cielo es verde pistacho, porque es su opinión y, oye, debes respetarla. Si él lo piensa, es verdad para él, aunque tú veas el cielo azul. Él opina que es verde pistacho, porque sí, y ya está. 

Estamos haciendo que algo tan esencial como pensar se haga, poco a poco, prescindible y estamos dando rienda suelta a la estupidez. Estamos haciendo que las conversaciones en las que se buscaba lo correcto mediante intercambio de argumentos desaparezcan, porque ahora ya no existe lo correcto y lo incorrecto; solo existe “mi opinión” y “tu opinión”.
Esta ignorancia maquillada de derecho me ha hecho partícipe de conversaciones como:
«—Los chinos me caen mal.
—Te caerá mal algún chino, no todos.
—No, no. Me caen todos mal. Ya podrían volver a su país, o morirse todos — (Y aquí me muerdo la lengua para no decir: ¿Oye, conoces a Hitler? Era un tío bajito, por lo que se dice… así, con bigote y tal. A lo mejor te suena del libro de historia).
—¿Por qué?
—Yo que sé, porque sí. Es que no me gusta ni verlos.
—Pero alguna razón tendrás, digo yo. Porque lo de que no te gusta verlos no tiene mucho sentido…
—Bueno, es mi opinión. Si a mí no me gustan, pues no me gustan. ¿No tengo derecho a pensar lo que quiera?». 

En ocasiones creo que es culpa mía, que siento debilidad por los argumentos… no sé. Respetaré todas las opiniones, incluso aquellas con las que no esté de acuerdo, siempre y cuando me den razones para ello, pero me niego a dar por válidos los “porque sí”.
Tal vez a una persona le guste la sal porque sí, eso a nadie le importa. Pero la próxima vez que alguien diga alguna tontería que te haga desear ser sordo (como su deseo por exterminar a todos los chinos) y la defienda con un “porque sí”, puede que te acuerdes de mí… de la retrógrada.