domingo, 18 de junio de 2017

Review de Yuri!!! On Ice



*Review libre de spoilers.


YURI!!! ON ICE


Serie.
Estudio: MAPPA
Año: 2016
País: Japón.
Episodios: 12; 25 minutos por capítulo.
Género: Deportes y romance.






Sinopsis.

Yuri Katsuki es un patinador profesional de veintitrés años de edad que, tras quedar último en el Grand Prix, cree que su carrera en el patinaje artístico está destinada al fracaso. Tras cinco años en el extranjero, se resigna a volver a casa, donde se reencuentra con su familia y amigos.
En la misma pista de patinaje en la que aprendió a patinar, Yuri imita la coreografía del exitosísimo y famosísimo patinador ruso Victor Nikiforov, a quien admira enormemente, sin ser consciente de que está siendo grabado. El vídeo, colgado en Youtube, se hace viral y llega al mismísimo Victor, que decide viajar a Japón para conocer a Yuri y convertirse en su entrenador.
No obstante, Victor no será el único ruso que visite Japón, ya que el jovencísimo Yuri Plisetsky va tras él para reprocharle a Victor su decisión; Plisetsky debutará ese año en el Gran Prix como sénior y reclama que debe ser a él a quien Victor entrene. La decisión de Victor será determinante en la carrera de ambos Yuris, pudiendo suponer el punto de inflexión en sus carreras de patinaje artístico.


Opinión.


Este anime ha sido el boom de la temporada sin lugar a dudas, revolucionando todo lo establecido por ser el primer anime de deportes con una pareja protagonista abiertamente gay. Supongo que hasta aquí no estoy diciendo nada nuevo para la mayoría de la gente. Todo el mundo está hablando de Yuri!!! On Ice, y están hablando muy, muy bien.
Tras todo el bombardeo que me llegó sobre esta serie, no podía evitar sentir curiosidad por saber si sería tan buena como todo el mundo decía, así que la vi. Y la verdad es que estoy sorprendida.
Estoy sorprendida porque suelo ser esa persona a la que le gusta casi todo. Ya sea viendo una serie, leyendo un libro o consumiendo cualquier otro producto de ocio, prefiero centrarme en aquellos aspectos que más me gustan para disfrutar de lo que estoy viendo, y no analizarlo todo con ojo crítico para sacarle todas las pegas, aun siendo consciente de que las tiene. Y aunque con Yuri!!! On Ice no tuve una actitud diferente a la habitual, detecté ciertas cosas que no acababan de convencerme; es por esto por lo que me sorprende que tanta gente señale de este anime como “el mejor anime del año”, hablando de él como si fuese perfecto.  Honestamente, creo que se trata de uno de estos casos en los que el hype fue excesivo y el efecto fan se auto-alimentaba como una bola de nieve.
¿Significa esto que no me gustó Yuri!!! On Ice? En absoluto: me gustó mucho verla y hubo elementos que realmente llamaron mi atención para bien. Pero no es una serie perfecta.
Desde mi punto de vista, varios de los puntos débiles de la serie están sujetos a un factor común: la brevedad del anime. Hay que tener en cuenta que es un spokon y, como tal, el factor deportivo acapara buena parte del tiempo, reduciendo los minutos que se pueden dedicar a profundizar en la vida de los personajes. Así pues, las escenas que se pueden considerar independientes a las competiciones son muy pocas, y las tramas de los personajes secundarios, para mí, están metidas un poco con calzador. Por ejemplo, todos los patinadores que compiten contra Yuri presentan una motivación que, en la mayoría de los casos, se presentan mediante las reflexiones de los personajes con voz en off mientras compiten (y, si hay suerte, con unos pocos segundos en escenas fuera de la pista de hielo). El recurso en sí me parece la mejor opción, dado el poco tiempo que pueden dedicar a los personajes secundarios, pero yo soy de las que prefieren las cosas contadas con más sutileza: no quiero saber que x personaje compite con el corazón roto porque él me lo dice, quiero ver cómo le rompen el corazón antes de entrar a la pista; no quiero que una voz en off me cuente que tal odia a tal, quiero ver qué ha provocado ese odio.
Esto afecta un poco también a las relaciones entre los personajes. Por muy tiernos que puedan llegar a ser Victor y Yuri juntos, la evolución de su relación es también un tanto precipitada. Hubiese dado algo por ver como se dedican tiempo el uno al otro más allá del patinaje, como se conocen poco a poco y como se enamoran realmente. La serie hubiese ganado mucho si se profundizase en ellos mediante ellos; es decir, si hubiésemos conocido a Victor mucho más a través de lo que Yuri aprende de él. El Victor-entrenador puede considerarse como más cercano y real, pero su pasado se iguala en todo momento al de Victor-patinador, al que Yuri admiraba desde siempre. Y no me creo que la imagen que uno tiene de su ídolo (como ídolo en sí) no cambie en absoluto al conocerlo (e incluso tener una relación con él).
En lo tocante a esta relación amorosa, no recomendaría esta serie a aquellos que busquen un anime pasteloso que derroche amor por todas partes. Es una relación muy tierna, sí, pero es uno de los aspectos que sí que han sido llevados con sutileza (y aquí para gustos colores, se puede considerar algo bueno o algo malo). No quiero hacer spoiler, pero sí diré que el amor romántico está bastante “censurado”, por así decirlo. Recordemos que el tema de las relaciones homosexuales no se ve igual en un país como España de lo que puede ocurrir en Japón: allí, las muestras físicas de afecto son algo mucho más íntimo que en occidente, y la homosexualidad no está bien vista.
Pero a pesar de todo esto, sí considero que hay buenas razones por las que vale la pena ver este anime, aunque para mí no haya sido la maravilla que todo el mundo ve en él.
Empezando como se debe empezar, por el principio, diré que su opening es uno de los que más me gustan de todos los animes que he visto. La canción me encanta y concuerda perfectamente con el estilo y el mensaje de la serie en su conjunto. Y la animación… ¿qué decir de ella? Magnífica, un regalo para mis ojos (mejor, a mi parecer, que la de los propios bailes dentro de los capítulos, aunque entiendo que animar algo tan dinámico es un trabajo muy difícil y que el resultado logrado no tiene nada de reprochable).

La banda sonora es un punto a destacar, variando mucho el estilo de música de un patinador a otro, lo cual aporta diversidad, y no se aleja nunca de lo que el personaje representa. Entenderéis lo que quiero decir si veis la serie y contrastáis canciones como Yuri on ice con Theme of King JJ o Shall we skate?.
Quiero destacar además la presencia de un personaje que podría hacer que me tragase todas las pegas expuestas anteriormente: Yuri Plisetsky. Para mí, es uno de los que más profundidad tiene a lo largo de la serie (si no el que más). Tiene ese pasado y esa evolución justificada que tanto eché en falta en otros personajes, además de una personalidad muy marcada que le hizo convertirse en mi personaje favorito del anime.
De Yuri Katsuki, el protagonista, también he de señalar un punto que llamó muy positivamente mi atención: la transformación que experimenta al entrar a la pista (especialmente bailando el Eros), a mi parecer muy representativa de su pasión por lo que hace; siempre cohibido y poco decidido, cuando suena su música y tiene puestos los patines Yuri da lo mejor de sí para hacer bien lo que ama (y por quien ama). Me parece el ejemplo perfecto de como una pasión puede hacerte cambiar a mejor, llevándote hasta el límite si es necesario, pero llenándote interiormente como nada más podría hacer.

Por lo tanto, ¿recomiendo Yuri!!! On Ice? Sí, si en algún momento algo de la serie te ha llamado la atención, pero con la advertencia de que no es la obra maestra que todo el mundo parece ver en ella. Tal vez haya sido yo la que no ha sabido ver las maravillas que esconde, pero esta ha sido mi opinión, para bien o para mal. Es una serie breve y entretenida, perfecta para unos días en los que no tienes nada que hacer.  
Si estás leyendo esto y ya la has visto, estoy abierta a contrastar opiniones (sea aquí o en mis otras redes), y si todavía no la has visto, espero que esto te haya valido para decidir verla o no.


viernes, 2 de junio de 2017

e, x, @



Todes, todxs, tod@s somos iguales.
Todos y todas somos iguales.
¿Todos somos iguales? Para mí, sí.

Citando un texto de Ignacio Bosque, quisiera empezar distinguiendo dos tipos de enunciados que muchos consideran iguales y que, para mí, no lo son. Poniendo los ejemplos de Bosque, “en  el  turismo  accidentado viajaban  dos  noruegos  con  sus  mujeres” es, efectivamente, un uso machista del lenguaje; no lo es, no obstante, decir “los  trabajadores  de  la  empresa”, ya que en “trabajadores” se incluye tanto a hombres como a mujeres.
El problema aquí aparece, por lo visto, porque en el último ejemplo no se visibiliza a la mujer. Los pequeños avances de las mujeres en nuestra sociedad, alcanzando algún que otro alto cargo y consiguiendo (por fin) integrarse en ciertos oficios tradicionalmente asociados a hombres, parecen haber creado la apremiante necesidad de visibilizar en el lenguaje. Pero, ¿qué queremos visibilizar exactamente? Desde mi punto de vista, si lo que queremos visibilizar es esa realidad en la que la mujer empieza a hacerse un hueco, ni la e, ni la x, ni el @ son adecuados. Porque entonces no serían “todos y todas”, sino “todos y todas.
La triste realidad es que estamos todavía muy lejos de alcanzar la paridad y que lo único que visibilizamos es una mentira. Entiendo cuál es la motivación, pero no puedo estar de acuerdo con el método: se quiere hacer notar la presencia de la mujer e iniciar un cambio social, lo cual es admirable. Si bien, no es el lenguaje el que cambia la realidad, sino la realidad la que cambia el lenguaje. Intentar imponer en el lenguaje una forma que no nace por sí sola conllevará rechazo.
Dejaré claro adónde pretendo llegar: «No empieces a engañarte con las palabras. La libertad está ahí y hay que luchar por ella pero no empieces a conformarte con las palabras. Las palabras se gastan y pierden brillo. Los hechos no…». Esto lo que escribió Josefina Aldecoa en su libro Historia de una maestra. Sin embargo, por más que pasan los años, seguimos tropezando una y otra vez en la misma piedra: seguimos engañándonos con las palabras.
No me malinterpretéis, conozco la importancia de las palabras. Leo, escribo, escucho canciones. Charlo con gente. Sé de sobra que la palabra es algo de valor.  Pero las palabras sin actos no son nada.
Si de verdad queréis llegar a un lenguaje inclusivo, luchad de verdad por una sociedad inclusiva.
Yo soy mujer, y tan defensora de la igualdad entre sexos como la que más. Y más de una vez parecen haber dudado de esto último al oírme afirmar que a mí no me ofende ni me hace sentir excluida que se refieran a mí con expresiones como “todos los presentes” o “todos los estudiantes”. Yo me sentiré excluida el día que cobre menos que mis compañeros de trabajo por ser mujer, o el día que directamente no me contraten por esa razón. En ese caso sí que me sentiría discriminada y haría todo lo que estuviese en mi mano para cambiar mi situación, pero una palabra pronunciada sin intención de dejarme fuera no es algo que considere relevante.
Lo que pretendo hacer ver es que el lenguaje no es sexista. Lo sexista son las personas y el uso que hacen de él.
Creo que ha quedado claro que, aunque no me opongo a ello, no soy defensora del plural neutro. Creo que es algo que debe darse por sí solo y no por una imposición forzada de los hablantes, pero más allá de todo esto hay un punto común al que cualquier persona con dos dedos de frente debería aspirar, un “todos y todas” que va mucho más allá de la lengua: una sociedad feminista en la que todos/todos y todas/todes/todxs/tod@s/o-cómo-queráis-decirlo seamos considerados iguales, indiferentemente de nuestros sexo. Me da igual cómo habléis pero, por favor, actuad para conseguirla.